El calor era insoportable. No solo el del desierto que nos rodeaba, sino el que sentía cada vez que Marcus me miraba. Habíamos avanzado durante horas por terreno hostil, alejándonos del campamento donde habíamos encontrado los documentos que vinculaban a Khalid con la red terrorista. La información era valiosa, pero también peligrosa. Ahora éramos portadores de secretos que muchos matarían por silenciar.
—Necesitamos descansar —dije, secándome el sudor de la frente con el dorso de la mano—. No