Damian
La noche caía sobre el campamento improvisado mientras observaba a Elena revisar por tercera vez el mapa que habíamos conseguido. Sus dedos recorrían las líneas con precisión, memorizando cada ruta de escape, cada punto ciego. Admiraba su determinación, esa obstinación que antes me irritaba y ahora me resultaba fascinante.
—Damián, ¿me estás escuchando? —preguntó sin levantar la mirada del papel.
—Cada palabra —mentí, más concentrado en la forma en que la luz de la lámpara dibujaba sombra