El silencio de la madrugada era mi único aliado. Sentada en el suelo con la espalda apoyada contra la pared, extendí el mapa improvisado que había dibujado sobre un trozo de papel arrancado de mi cuaderno. La luz tenue de mi teléfono iluminaba las líneas trazadas con bolígrafo, creando sombras que bailaban como presagios sobre el papel.
Tres días. Tres días desde que Marcus y yo habíamos acordado nuestro plan para infiltrarnos en la base de operaciones de Damián. Tres días de fingir sumisión, d