El amanecer se filtraba por las rendijas de la ventana cuando abrí los ojos. Damián dormía a escasos metros, su respiración acompasada contrastando con el caos que reinaba en mi interior. Lo observé en silencio, estudiando cada línea de su rostro relajado, tan diferente de la máscara impenetrable que solía mostrar.
¿Cómo podía odiar y desear a alguien con la misma intensidad? La pregunta me atormentaba desde hacía días, como un eco persistente que se negaba a abandonarme. Había algo profundamen