El amanecer se filtraba entre las rendijas de la ventana como un intruso silencioso. Observé los rayos de luz dibujando patrones en el suelo polvoriento de nuestra habitación temporal, un apartamento destartalado en las afueras de Estambul. Hacía tres días que habíamos llegado aquí, tres días de planificación meticulosa, de memorizar mapas, de estudiar patrones de seguridad. Tres días de sentir que la muerte nos respiraba en la nuca.
Marcus dormía en el sofá, su respiración acompasada contrasta