El amanecer se filtraba por las rendijas de la persiana cuando terminé de revisar el último documento. Llevaba horas encerrada en aquella habitación de hotel, rodeada de papeles, archivos digitales y fotografías que Marcus había conseguido. Mi espalda protestaba, pero mi mente estaba demasiado acelerada para prestar atención al dolor físico.
Froté mis ojos enrojecidos y me levanté para servirme la quinta taza de café. Las paredes de la habitación habían desaparecido bajo los mapas y diagramas q