El amanecer se filtraba por las rendijas de la persiana, dibujando líneas doradas sobre el suelo de la habitación. Me quedé observándolas, tumbada en la cama, como si en aquellos rayos de luz pudiera encontrar respuestas. Había dormido apenas unas horas, con un sueño inquieto plagado de rostros sin nombre y voces que susurraban verdades a medias.
Dicen que la línea entre el amor y el odio es tan fina que a veces ni siquiera existe. Pero ¿qué hay de la línea entre la confianza y la traición? ¿En