El amor del faraón y Oriana.
La bella ojiazul abría los ojos después de haber estado inconsciente por mucho tiempo, ella ahora ya no era la misma.
— Marcelo... Tengo mucha sed...
— Oriana... Despertaste, estás de vuelta, querida, estaba tan preocupado... Temí tanto perderte...
Ma en ese momento a Oriana le beitseinnunos colmillo y se los enterró al Faraón. Solo pudo probar un poco de su sangre porque el se la quitó de encima.
— ¡Lo... lo siento, no sé que me pasa, de pronto tengo mucha sed de sangre... Y tengo e