El Leprecham no se rinde.
Para cuando las demás mafias llegaron con un par de hombres de su entera confianza cada uno. Los pasaron a un salón que era utilizado como salón para banquetes, solo que está vez fue preparado para la seria reunión.
Las mesas fueron colocadas estratégicamente, cinco del lado derecho, y cinco del lado izquierdo. La elegante mantelería, el whisky de la mejor calidad, cigarrillos y en medio una charola de plata con cocaína servida.
No se podía negar que el Pakhan de Rusia, tenía altos estándares cuando se trataba de reunirse y hacer grandes negocios.
— ¿En donde está el líder de la mafia Gambino? ¿Es que nos piensa dejar plantados aquí? — Preguntó un japonés en perfecto ingles.
— La paciencia es una virtud, señor Miyagui. Seguro que Dante Gambino, no demora en llegar.
El Pakhan, no podía nombrar al Alfa como lo hacían en privado. Su identidad debía estar absolutamente protegida.
— Todo está muy bien, ¿Pero que pasa con las mujeres? Se decía que los rusos eran muy generosos