Un vampiro anhelante.
Mientras tanto en el palacio egipcio. Marina, había estado sufriendo la presencia de Vladimir.
Había resultado ser que ella era su alma gemela, y que ese vampiro estaba ahí para reclamarla, más a pesar de sentirse inevitablemente atraída por él, no estaba dispuesta a ser su compañera.
— Papá, ¿Crees que debería aceptar mi destino y convertirme en la reina de Vladimir? Creo que él no tiene madera de novio, ni de esposo. Quizás de amante si, alguien con quién pasar el rato.
— Si no te agr