El consejo no perdió tiempo.
No cuando el vínculo había mostrado grietas visibles.
No cuando la fiebre, el dolor compartido y la intervención de Amelia habían dejado claro que lo ocurrido no era una anomalía pasajera, sino una fuerza que amenazaba con reordenar toda la manada Luna de Plata.
Y el consejo siempre temía a lo que no podía controlar.
Por eso llamaron a Dorian.
No fue una orden directa. Nunca lo era. Fue una invitación respetuosa, casi halagadora: “Tu presencia sería valiosa”. “Tu op