La fiebre llegó en silencio.
No fue inmediata ni violenta. No anunció su presencia con un golpe, sino con un calor lento que se filtró por las venas de Amelia como una marea tibia y traicionera. Al principio creyó que era cansancio. Luego pensó que quizá había pasado demasiado tiempo bajo el sol.
Pero cuando sus manos empezaron a temblar, supo que no era nada de eso.
Astrynn estaba inquieta. Demasiado.
«Algo está mal.»
Amelia se apoyó en la pared del pasillo que llevaba al ala del consejo, resp