Amelia despertó con el cuerpo pesado.
No era dolor exactamente. Era una sensación extraña, como si cada hueso hubiera sido recolocado durante la noche y aún no terminara de encajar. La fiebre había cedido, pero dejaba tras de sí un cansancio profundo, antiguo, que no pertenecía solo a su carne.
Astrynn estaba despierta.
No inquieta.
No dominante.
Solo… presente.
«El vínculo está estable por ahora.»
Amelia abrió los ojos lentamente, respirando hondo. El aire ya no ardía al entrar en sus pulmones