El eco del brillo plateado aún vibraba en el aire de la habitación, y en el corazón de Euwen. La pequeña estatua de madera yacía inerte sobre la mesita, un testigo silencioso de la explosión de poder que había surgido de ella sin control. Valeriah, con su expresión antes dura, ahora teñida de una preocupación profunda, se mantuvo de pie junto a la ventana, meditando. Euwen, aún temblorosa, apenas podía asimilar lo ocurrido.
"Esto... esto es demasiado", balbuceó Euwen, las palabras apenas salien