El fuego de la chimenea parpadeaba con luz dorada, caldeando la pequeña estancia de la cabaña de Clara y Thomas, alejada del ruido y la rigidez del castillo. Euwén, de pie junto al alféizar de la ventana, miraba hacia el bosque oscuro, y en su mente repetía una y otra vez las palabras que había escuchado por casualidad horas antes, entre pasillos de piedra y susurros de consejeros. Hablaban de Lairael, de su poder. Una duda profunda se instaló en su pecho: ¿quién era realmente él? ¿Era todo lo