El aire del Castillo Dorado seguía denso con las sombras del encuentro de Valeriah con Marcus. Bajo el manto de la noche, una preocupación persistía, entrelazada ahora con una determinación férrea. Kai la esperaba en su habitación, el rostro marcado por la frustración y el dolor de su derrota, pero sus ojos, siempre conectados a los de ella, reflejaban una inquietud profunda.
—¿Qué has descubierto, mi Luna? —la voz de Kai, ronca, llenó el silencio.
Valeriah se sentó a su lado, tomando su mano.