El aire nocturno en el mundo humano era distinto. Lairael sintió la ausencia palpable de magia, una rareza para sus sentidos acostumbrados a la constante vibración del maná. Aun así, el lugar poseía una belleza rústica. El claro del bosque donde había emergido el portal se extendía hasta un camino de tierra, tenue bajo la luz de la luna. Decidió seguirlo, sus pasos ligeros y silenciosos, un contraste con el ruido que a veces hacían los humanos.
A medida que avanzaba, el bosque se fue haciendo m