El aire dentro del gran salón del Castillo Dorado se sentía denso, pesado con una tensión palpable. Hacía tiempo que la calma del reino se había resquebrajado, pero en los últimos días, la situación había escalado. Los "signos" de la amenaza latente se habían transformado en ataques directos, brutales, y una inquietud fría se extendía como una enfermedad por cada rincón de los territorios licántropos. Lo más perturbador era el momento: estos ataques volvían a aparecer después de años de silenci