La noche era oscura y tormentosa en las Tierras Prohibidas, el territorio maldito donde Marcus había establecido su guarida. El aire estaba cargado de ozono y el hedor metálico de la sangre y la muerte. Sara irrumpió en la fortaleza, su figura tambaleante, su rostro parcialmente oculto bajo una capucha, pero el dolor y la furia emanaban de ella como vapores venenosos.
Al verla llegar, Marcus salió de las sombras, su presencia imponente y corrupta. Sus ojos se clavaron en ella, notando de inmedi