Rod me condujo de regreso a la residencia de la Luna, donde los seis ancianos del consejo aguardaban en semicírculo.
El más viejo, Lorcan, con su barba blanca y ojos que habían visto demasiadas generaciones, fue el primero en hablar.
—Vastyr, hijo de Kharid —comenzó, con una voz que sonaba como el crujir de hojas secas—. Tu decisión de quedarte honra la memoria de tu padre, aunque… —hizo una pausa, intercambiando miradas con los demás ancianos—. Aunque todos sabemos que tu camino no será fácil.