El desayuno transcurría en un silencio incómodo, roto solo por el tintineo de la vajilla. Camila, sentada frente a mí, dejó su taza sobre el platillo con un suave clic.
—La semana próxima comenzarás en la misma escuela que Rian —anunció sin preámbulos—. Es necesario que recibas la educación que merece tu posición. Tu madre ya ha enviado todo lo necesario: libros, uniformes y algunos objetos personales.
Asentí, concentrado en mi plato. Un momento después, su voz volvió a sonar, esta vez con una c