Hoy por fin es mi primer día de clases en este lugar. La semana ha transcurrido con una monotonía tensa. No me he vuelto a encontrar con Aztrid ni con su séquito, pero su ausencia se siente como la calma antes de la tormenta.
Todas las mañanas, sin falta, Ryan y yo salimos a correr a las cinco. Dos horas exactas. Él se coloca sus audífonos y no me dirige ni la más mínima mirada; si no fuera porque a veces lo escucho hablar con nuestra hermana Marlín, pensaría que es mudo. Es un compañero de carr