Zane
El amanecer apenas se asomaba por las montañas cuando Zane ya estaba de pie, observando su territorio desde la cima de la colina que coronaba los dominios de la manada. El viento frío de la mañana agitaba su cabello oscuro mientras sus ojos, afilados como dagas, escudriñaban cada rincón del bosque. Su mente, un torbellino de estrategias y preocupaciones, no había encontrado descanso durante la noche.
La amenaza que se cernía sobre ellos era real. Los informes de sus exploradores confirmaba