Zane
La noche había caído sobre el territorio cuando Zane finalmente se permitió un momento de quietud. Desde la ventana de su despacho, observaba las patrullas que recorrían el perímetro con antorchas, iluminando brevemente los rostros tensos de sus guerreros. El ataque había dejado cuatro muertos y once heridos, algunos de gravedad. No eran números devastadores para una manada de su tamaño, pero cada pérdida pesaba sobre sus hombros como una losa.
Apoyó la frente contra el cristal frío y cerr