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17; MISTERIO Y MELANCOLIA

DETECTIVE DAS

En un bosque en los cerros orientales, un paisaje virgen y puro que contrasta con las calles de la ciudad que se encuentra a unos metros, pero que estaba atestiguando el final de uno de los que se hacían llamar guerreros de la luz, quienes dedicaban su vida a destruir monstruos que representen una amenaza a la humanidad. Esta vez el guerrero se dejó cegar por la vanagloria, siguió al Alfa de unos hombres lobos, pensó que al matarlo acabaría con la manada. Ya lo había visto una vez en otra bandada donde los machos se devoraron entre sí para conseguir el liderato, el último que permaneció en pie, quedó sin seguidores a quien dirigir. Pero no consideró la posibilidad de que este lobo le superaba con creces en sus habilidades, por lo cual estaba a punto de descubrir qué había en el más allá. El enorme lobo dejó de golpearlo, lo tenía en el suelo donde le administraba mordiscos y aruñones. Desde luego que se medía, no quería acabarlo de un solo golpe, parecía un gato jugando con un ratón mientras lo devora. De la misma forma, lo agarraba con la boca, lanzándolo por los aires para dejarlo caer contra algún árbol.

Esta vez el lobo levantó el hocico para sentir un aroma que llegaba de repente, algo raro, era como un misterio mezclado con melancolía, trago barato y algo viejo guardado. Se dirigió a un árbol rugiendo: —Sé que estás aquí, no entiendo qué esperas.

—Lo que sucede es que estaba esperando el momento oportuno, no quería desperdiciar mi último recurso.

— ¿Qué momento? No me digas que estabas esperando a que tu amigo estuviera muerto. ¿Quizás para cogerme preso? ¿Para arrestarme por asesinato? No puede ser que el gran detective Das sea tan poco recursivo, debes saber todas las órdenes de capturas que pesan sobre mi cabeza, no considero que sea por eso, así que dímelo, antes de que te devore. —El Alfa ladeó la cabeza lanzándole una mordida al árbol, rompiéndolo en mil astillas, y por el aire, dando volteretas, se reveló la silueta del detective, que al caer se enredó con su vieja gabardina, resultando con la cara en el piso, pero se paró tan rápido, sintiendo más vergüenza que dolor.

—No, la verdad, estaba esperando ver el verdadero poder del guerrero. Él me ha contado muchas historias donde siempre ha vencido. Según me contó, una vez luchó contra un enorme dragón de hielo, al que volvió paletas, que solo venció a un ejército de nomos. No me imagine que lo matarías tan fácilmente. Me sorprendió ver esa escena al llegar aquí siguiendo su rastro. Ahora, la verdad, no sé qué hacer. —El detective se paró frente al lobo, aunque parecía estar inexpresivo por dentro, tenía tanto miedo, peor al que sentía cuando le tocaba ir al odontólogo.

— Sepa que su amigo aún se encuentra con vida, tan solo me he estado divirtiendo. Un poco de tortura para uno de los miembros de esos cazadores que tanto daño nos han causado, ellos han eliminado a cientos de los de mi raza. Mi plan era dejarlo morir con muchas mordidas, que les quede claro a sus compañeros que fue asesinado por un lobo. Lo que ahora estoy revaluando, no me servirá que lo encuentren junto al más famoso detective de este país, eso me traerá problemas con la policía, lo que menos quiero es una guerra contra el estado, eso es muy difícil de ganar, me tocará desintegrarlos, es decir, devorarlos, después enterrar lo que no me pueda comer. Mentiras, no me gusta la carne humana, pero sí los mataré rápido porque me toca enterrarlos bien profundo, casi que lleguen a China. —El Alfa se limpió los dientes, pasando su lengua de lado a lado.

—Me honra saber que mi reputación me precede, es algo grato que uno de los criminales más buscados sepa de mis logros. —Das se amarró la gabardina, tratando de no observar cómo el lobo se le acercaba, escuchó que entre risas le mencionó: —Por supuesto, todo el mundo sabe quién eres, aunque no recuerdo alguno de los misterios que has resuelto, me encanta ese video donde a usted lo encontraron en un burdel, fue muy chistoso. Fue un operativo para cerrar ese antro y preciso usted estaba adentro. Muy borracho, cuando lo entrevisto el noticiero, se te ocurrió declarar que estabas infiltrado, antes de vomitar en público, y como si fuera poco unas trabajadoras, gritaban “ayúdanos Das, mi amor”.

—Eso fue un malentendido, me colocaron una trampa. Me sedujeron con grandes atributos y se trataba de solo relleno y maquillaje. —Das cerró los ojos recordando esa bochornosa noche que por poco acabó con su carrera, no sabía que su casa de lenocinio preferida era utilizada para lavar dinero de algún narcotraficante.

El Alfa se acercó, respirándole en la cara, susurrándole entre suaves carcajadas, y le declaro:

—Me encantaría que trabajaras para mí, que fueras mi bufón personal. Aunque sé que eres muy íntegro y uno de los pocos oficiales que aún creen en las instituciones. A pesar de que todo está corroído por la corrupción, por eso será una lástima acabar contigo, pero tranquilo, de seguro que serás convertido en un mártir, te erigirán estatuas, pintarán muros con tu rostro y hasta te usarán para ideologías que ni siquiera sabes que existen. Mejor dicho, serás convertido en un símbolo de valores.

El alfa le observó cómo la vena Aorta le bombeaba con presión, marcándola como objetivo, lanzando la mordida, pero un olor desagradable lo paró. Haciéndolo retroceder. Observo cómo das se limpió el sudor, exhalando se le salió un quejido y estas palabras:

—Menos mal funcionó, era mi única carta a mi favor.

— ¿Qué es eso? No entiendo. —gruñó el lobo.

—Tranquilo, no es nada del otro mundo, o no sé. Se trata de mi gabardina que, aunque roída, manchada y desteñida, me protege contra ataques mágicos. Me la regaló un anciano que decía ser mago, al que capturé porque lo descubrí que se robaba el dinero de los impuestos con varias estrategias, al final más me demoré en capturarlo que en que saliera libre. De seguro usted lo conoce, ahora es congresista. —Das acariciaba la vieja tela, sintiendo sus tejidos, recordó que el anciano le había comentado que su maestro se la había dado para que se la regalara al único que pudiera vencerlo.

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