MARIANA
La noche había caído completamente, y la selva se iluminaba apenas con la luz de la luna que se filtraba entre las hojas. Un aire denso de tensión se respiraba mientras los jaguares desaparecían entre las sombras, como si fueran parte del mismo bosque. El grupo permaneció en silencio, todavía con el eco de las palabras del cacique Chanco, resonando en sus mentes. Mariana mantenía su mirada fija en el horizonte, donde los jaguares se habían desvanecido. Alberto, con la sangre aun manchan