ALBERTO
—Tenemos que destruir a esas arañas antes de que nos vuelvan a hipnotizar o lo que sea que hagan estos bichos.
—Alberto, menos palabras y más actos, pásalas por tus colmillos, aunque lo consideres asqueroso.
—Ustedes se equivocan, nosotros no somos arañas, somos Carontes, nosotros habitamos en las tierras del límite del otro mundo con este—, respondió un arácnido, al tiempo que esquivaba un golpe de Yorbin.
—Para ellos es la entrada al mundo de los muertos, recuerda que ellos funcionan