81.

Después de llorar en los brazos de Alejandro hasta que me sentí un poco más calmada, él me ayudó a levantarme del sofá.

Había decidido que no íbamos a dejar que el pasado nos robara la noche.

— Vamos a arreglarnos, Ámber — dijo con una sonrisa decidida — Esta noche vamos a ir al casino. Conozco un par de cosas de estos lugares y sé que la diversión está garantizada.

— ¿El casino? — pregunté todavía con la voz un poco ronca — ¿En serio? Creía que iríamos a cenar tranquilos.

— Cenar tranquilo es
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