El despacho se convirtió en un campo de batalla de palabras que Eva no lograba descifrar. Sus mentes se movían en una frecuencia que ella, mareada por la debilidad y el miedo, no podía alcanzar. Escuchaba términos como "derecho", "herencia" y "custodia", pero los sonidos se mezclaban en sus oídos como el ruido estático de una radio vieja.
La tensión entre los dos hombres era un hilo a punto de romperse. El enmascarado dio un paso agresivo hacia el escritorio pero Ulises, con esa calma psicópata