El aire en el despacho se volvió gélido en un instante. Antes de que Eva pudiera recuperarse de la humillación las puertas dobles se abrieron de par en par con un estrépito violento que resonó en las paredes de caoba.
Eva dio un salto hacia atrás con el corazón martilleando contra sus costillas.
En el umbral apareció él: el enmascarado.
Seguía llevando esa figura imponente y letal y su presencia parecía absorber toda la luz de la habitación. Eva recordó su mirada en la fiesta, una mirada que la