80.

Alejandro vio una oportunidad en la disculpa del Capitán y, fiel a su estilo de tiburón de los negocios, no la dejó pasar. Mientras nos levantábamos le dio un apretón suave a mi mano y me susurró al oído:

— Ve a descansar, preciosa. Yo me voy a quedar un rato más. Creo que el Capitán tiene algunos contactos en la industria logística que nos vendrían muy bien como "compensación" por el mal rato.

Solté una pequeña risa. Alejandro siempre sabía cómo sacar provecho de cualquier situación, incluso d
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