Marina
Desde que Salvador salió rumbo a la casa segura donde tienen a Meyer, una parte de mí no ha dejado de sentirse inquieta.
No por la reunión, no por el hecho de que ese maldito esté vivo y pueda decir algo, o bueno si, en parte es por eso, pero principalmente es por lo que vi en los ojos de Salvador cuando escuchó que Renata estaba entre la vida y la muerte.
Angustia.
Fue un instinto. Reacción humana. Lo sé. Pero igual dolió.
Ahora mismo estoy en la habitación, caminando de un lado a otro