Marina
Pensé que iba a morir.
Pensé que Clara había muerto.
Pensé que no volvería a ver a Salvador otra vez, pero cuándo entró en la habitación, en el instante en que mis ojos se toparon con los de él, fue como si todo el miedo hubiese desaparecido porque ahora él estaba conmigo.
El humo se queda atrás, pero el temblor en mis manos no desaparece. Tampoco el eco del disparo, ni el sonido del metal cerrándose tras de mí. Estoy en los brazos de Salvador, como si el mundo hubiese estallado a nuestro