Capítulo 35
El amanecer se filtraba con timidez por las cortinas de aquel dormitorio, bañando la habitación en un resplandor dorado. Magnus se movía con cuidado, aún con la cabeza llena con los rostros que no podía dejar de ver en su cabeza: los de sus hijos. Dos pequeños que cargaban con el eco de su mirada y la dulzura de Roma. Ese día había cambiado algo dentro de él, algo que no se revertiría jamás.
Con calma se metió en la ducha intentando calmar el torbellino que aún lo consumía. El agua