Capítulo 53
El centro comercial estaba lleno de luces tibias y vitrinas que parecían mundos paralelos. Roma sostenía un vestido blanco entre sus dedos, de esos que parecían respirar luz propia. Su sonrisa era suave, casi tímida, como si aún no terminara de creerse lo que estaba viviendo en ese momento.
— No puedo creerlo —murmuró Cristal, observándola con los ojos brillantes — ¡Te vas a casar, Roma! Llegué a creer que no darías tu brazo a torcer, pero es obvio que tampoco podrías ser tan boba