—Abre más las piernas.
Obedecí sus palabras ciegamente, colocándome en la posición que él me indicaba. Mi cuerpo se encontraba sudoroso, mi respiración agitada. No era sencillo para mí, pues él era un vampiro y yo seguía siendo solo una humana.
—Hey, respira un poco, criaturita —indicó con voz suave—. Sí, así.
El dolor estaba en segundo plano. Cada parte de mí dolía, pero igual me esforzaba por seguirle el ritmo.
—No puedo más —lloriqueé.
Él sonrió. Se encontraba inmutable, como si fuera tan fá