—Bien, lo haces bien —indicó la suave voz de Aria—. Respira, concéntrate en tu alrededor, en las vibras que te rodean.
Obedecí, respirando hondo. Percibí el pasto que pisaba, la brisa que bailaba a mi alrededor. El sol calentaba mi espalda y podía escuchar los murmullos de los dos idiotas que ahora eran parte de mi entrenamiento.
—¿Acaba de llamarnos mala vibra? —Preguntó Brett.
—Sí —confirmó Mara.
Nos había tomado días enteros de entrenamiento. Después de mucho sudor, quejas y lágrimas, ahora