—Hey, despierta —me movieron por los hombros con rudeza.
De inmediato mis alertas comenzaron a sonar dentro de mi cabeza. ¿Dónde estaba mi burbuja mágica protectora? ¿Por qué alguien era capaz de tocarme?
Conforme nuestro viaje continuó, había terminado por cederle la razón a Barret. La burbuja me protegía. Cuando Barret se había ido a dormir, algunos vampiros intentaron atacarme, solo para ser electrocutados gracias a la magia protectora.
Desde entonces, Barret no abandonaba mi lado. Y la burbuja mágica tampoco.
Hasta ahora.
—¿Qué coño quieres? —mascullé.
Intenté tragarme el bostezo, pero fue imposible. Habíamos estado viajando por al menos una semana. Y no había podido dormir desde entonces, más que unas pocas horas.
A él también se le notaba el esfuerzo en la cara. Estaba ojeroso y mucho más malhumorado, tan cansado que parecía iba a desmayarse en cualquier momento.
—Llegamos, es hora de que te encuentres con Dominik.
—Dile que me joda en otro momento.
Grité cuando me elevó en el a