Roma, Italia…
El celular vibró sobre la mesa del comedor y el sonido rompió la quietud que Sophie Strozzi se había impuesto desde el funeral de Darío. Llevaba días encerrada en la casa, en ese silencio que no es descanso sino una costra amarga. La muerte de Darío había sido un golpe devastador, pero lo que más le dolía era la soledad.
Había perdido a André hacía más de una década. Nunca supo si estaba vivo o muerto, si había formado una vida en algún lugar del mundo o si simplemente había desap