Valeria permaneció en silencio, con la cabeza apoyada en su pecho.
El ritmo pausado del corazón de Noah la arrullaba, como si el mundo al fin se hubiera detenido.
No sabía cuánto tiempo pasó así, ni le importaba. Solo sentía el calor de su piel, el peso de su brazo protegiéndola, el olor a lluvia que se colaba por la ventana entreabierta.
Pero cuando cerró los ojos, algo dentro de ella se movió.
Ese miedo que siempre había sentido, que la había sacado de control y que había encerrado con llave