Esa noche, después de la cena, el aire olía a tierra húmeda y a calma antes de la tormenta. Noah y Valeria caminaron sin rumbo fijo por el sendero que bordeaba la finca, bajo un cielo gris azulado donde las estrellas apenas se asomaban.
Durante un rato no hablaron. Solo el roce de sus pasos sobre la hierba rompía el silencio.
Fue Valeria quien habló primero.
—Todo esto es una locura Noah. No puedo creer todo lo que ha pasado —murmuró—. Estar ocultos, todo lo que te paso, un parto repentino, una