El pasillo olía a desinfectante y a incienso. La habitación donde atendían a Jimena se mantenía cerrada, pero los murmullos, las órdenes rápidas del médico y el sonido entrecortado de la respiración de la mujer se filtraban a través de la puerta.
Valeria caminaba de un lado a otro, con las manos entrelazadas. Sentía el corazón acelerado sin saber exactamente por qué. No era su familia, ni su historia, y sin embargo… el aire estaba cargado de algo demasiado humano como para no sentirlo.
Noah per