El mediodía estaba cargado de ese calor pegajoso que hacía que el aire acondicionado del restaurante pareciera un regalo divino. Valeria bebió un sorbo de su café mientras Emilio, frente a ella, sonreía como si no hubiera pasado un mes desde la última vez que se veían y le hablaba sobre su último logro: había conseguido un cliente importante para la empresa.
El restaurante estaba lleno, pero en la mesa junto a la ventana, Valeria sentía que el ruido se apagaba.
—Ya te extrañaba —dijo ella, mov