Cuando ya estaba todo organizado y Valeria se disponía a volver a su oficina, Víctor cruzó la puerta. Todos levantaron la cabeza, un poco sorprendidos. No era común verlo ahí abajo. Detrás de él, Anna apareció sonriente, con una carpeta en las manos.
—Buenos días —saludó Víctor, con esa energía que lograba contagiar—. Quiero felicitarlos a todos. Los últimos proyectos han salido perfectos, impecables. Hemos superado expectativas.
Hubo un murmullo de satisfacción en el grupo. Valeria, que aún se