Valeria repasaba por última vez los planos del café-galería junto a Camila. El proyecto estaba casi terminado y, aunque los dueños habían aprobado cada detalle con entusiasmo, ella no podía sacudirse la sensación de que le había faltado algo.
—Me gusta… pero no me encanta —murmuró, cerrando la carpeta con cierto fastidio.
Camila levantó la vista del computador y arqueó las cejas.
—¿Estás loca? Quedó hermoso. A todos les fascinó.
Valeria sonrió apenas, pero negó con la cabeza.
—Es que aquí, ence