El amanecer se filtraba tímido entre los árboles, derramando una luz dorada que apenas alcanzaba la cabaña. Todo parecía en calma. Pero Ailén sentía que algo se había roto la noche anterior… o quizás, algo se había despertado.
Kaor dormía aún, envuelto en mantas raídas, con el ceño fruncido incluso en reposo. Había dejado de gruñirle a las sombras, pero eso no significaba que estuviera bien. Ailén lo observaba desde el umbral, con una taza humeante entre las manos.
Desde la batalla, él parecía