Teyon alzó una mano.
Y el bosque se rompió en chillidos.
Las dos criaturas que lo acompañaban, deformes y con maná corrompido goteando por las manos, avanzaron como sombras vivientes. Los árboles parecían inclinarse para evitarlas, y la misma niebla empezó a reptar otra vez desde el Umbral.
Kaor se transformó sin reservas.
No parcial. No controlado.
Bestia.
Su cuerpo estalló en músculos, garras, colmillos. Sus ojos ardían como soles dorados. El rugido que brotó de su pecho no era solo rabia: er