El cristal brillaba incluso bajo la manta.
Ailén lo guardaba junto a su pecho, atado con una tira de tela. Desde que lo trajo del claro, sentía que algo dentro de ella se había ajustado, como si antes caminara con un paso fuera de ritmo… y ahora el bosque latiera al compás de su respiración.
Pero no todo estaba en armonía.
Kaor llevaba tres días sin dormir bien. Sudaba en las noches. Su marca brillaba por momentos con un rojo oscuro que se apagaba solo al contacto de ella. No lo decía, pero Ail