El silencio en la cabaña era denso, como si el aire supiera lo que estaba por ocurrir.
Elira se miraba las manos temblorosas. Sus dedos ardĂan, su piel cambiaba de tono a ratos, como si algo debajo de ella intentara emerger. Un temblor leve recorriĂł su espalda. El calor que habĂa sentido aquella noche en el bosque no la habĂa abandonado desde entonces. Era como si una brasa ardiera dentro de su pecho, palpitando con cada emociĂłn intensa.
Aidan la observaba desde la distancia. No era miedo lo qu