Kaor sentía el peso del artefacto como si llevara una piedra viva colgando de su pecho. No se movía. No brillaba. Pero algo dentro de él palpitaba. A cada paso, parecía susurrarle, como un corazón que no era suyo… pero ahora latía con él.
Ailén lo observaba con creciente inquietud. Desde que habían abandonado el Valle de los Silencios con la Sangre del Eco, Kaor no era exactamente el mismo. Más callado. Más tenso. Sus silencios ya no eran serenos… eran silencios de quien escucha algo que no deb